Polvo somos y en cenizas nos convertiremos

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Nacimos con ojos para ver afuera y con un mundo de flores de terciopelo dentro, de esas que adornan nuestras ofrendas de muertos hoy.

Pero nada es fortuito, los ojos nos sirven para enamorarnos de los otros (de la naturaleza) y para ver todas esas flores color vino, repletas de magia y vida, dentro de los demás. Tal vez así sea porque ellos son los que nos van un día a abrazar, a sorprender,  a hacer reír y pensar. Pero sobretodo, nos van a hacer sentir. Como si fuera un espejo circular. Tal vez así sea porque morfológicamente estamos hechos para sobrevivir juntos. Nos necesitamos, así como necesitamos a la naturaleza (nosotros).

Yo, por ejemplo, no hubiera nacido sin el deseo ferviente de mi madre de tenerme, pero tampoco sin su fuerza. Y ella no hubiera crecido sin todos los alimentos que tanto tiempo y sacrificios de vidas acumuladas han costado. Desgraciadamente hemos simplificado la vida, por cuestiones muy prácticas, en dinero, ni siquiera en Economía, que es una ciencia más compleja. Una ciruela, que a un árbol le cuesta un año producir, se vende en tres pesos. Pero caemos en el error de simplificar ese año de ese árbol. Una ciruela representa siglos de diseño evolutivo, de fuerzas invisibles, de viento, lluvia, sol, estrellas, mareas, plagas e inteligencia vegetal, que se necesita para lograr la dulzura necesaria y un sabor único. Necesitamos de esa ciruela porque ella nos aporta nutrientes y vida. La verdad es que estamos hechos de miles de millones de vidas: de todas las vidas que han existido para que hoy pueda escribir, para que hoy puedas leer, para que hoy podamos sentir; de todos nuestros ancestros que hoy velamos y que viven en los elementos que conforman a los árboles, el aire, las cosechas, e incluso nuestro pan de muertos (ellos y ellas, que nos siguen alimentando).

¿Cuánto vale nuestra vida? ¿Puede también simplificarse en un precio? Al parecer, para algunos sí. Pero no por maldad, sino porque se les ha olvidado sentir, caminar en el bosque y agradecer. O al menos eso quiero pensar.

A todos aquellos que lo han olvidado les podemos regalar el deseo de un momento de inspiración profunda, aquella que sucede cuando el espíritu se une a la naturaleza, al ver los colores en las plantas, sentir el sol o la lluvia en la cara, al recostarse en el pasto y tratar de sentir la respiración de la tierra o al sumergirse en el mar y sentir fuerzas superiores. Hay que regalarles arte y poesía para que sientan, para que despierten, pero también un acto bondadoso. No me puedo imaginar el dolor que tienen guardado para poder medir su vida en cosas, en dinero, en propiedades, en esfuerzo y éxito capitalista, como si quisieran que pusiéramos en su epitafio su estado de cuenta. Como si para eso sirviera su existencia. La situación no es así de grave, es mucho peor y todos estamos involucrados, así que no escatimemos, aún no sabemos cuánto podemos despertar. Cambiemos el dinero por amor, todo el tiempo y como ejercicio. Para que nuestros hijos nos recuerden por nuestras hazañas, poesía e inteligencia. Para que la vida se vuelva de nuevo invaluable y sagrada.

No es noticia nueva que nuestra especie está a máximo tres o cuatro generaciones de desaparecer si seguimos con el modelo de consumo y de valores existentes;  que probablemente el año que viene ya no podamos probar muchos de los alimentos que nos gustan, por la creciente extinción de las abejas y de la caduca “Revolución verde” de los agroquímicos. Tampoco es noticia que el aire de la Ciudad de México languidece nuestros pulmones con químicos y contaminación, así como que los cerebros de todos los que vivimos aquí poseen plomo. O que con la mayoría de los lujos que nos permitimos comprar y acumular estamos empobreciendo a muchos humanos (con su mano de obra barata) y matando a nuestra madre primigenia, en todos los sentidos.

El problema no es que se haya autorizado la tala regulada de 17 mil hectáreas del bosque del Nevado de Toluca que equivalen a un 33% del total de su territorio, ni que haya cambiado de ser ANP (Área Natural Protegida) a “Área de protección de flora y fauna”, título que permite, en el mejor de los casos, el manejo sustentable y eco turístico de la zona. El problema es que no somos tontos y que desde que Lázaro Cárdenas en 1936 lo declaró Parque Nacional, ha existido, sin cesar, la tala clandestina en la zona, en gran parte, por la incompetencia de las autoridades. Ahora con el nuevo estatuto publicado el pasado 21 de octubre, se permite el aprovechamiento comercial de la zona. En un mundo ideal, probablemente sería una cosa buena. Pero con la incompetencia y corrupción de las autoridades, seguramente tampoco podrán regular que por ejemplo, alguien con la idea brillante y el dinero para hacer una pista de hielo se salga con la suya. Cuando existen personas que pueden tener un precio, la vida y lo que la conforma deja de valer.

El problema es una cuestión acumulativa de valores que des sacralizan la vida para el cual la solución es así de simple como la conciencia que genera la unión. 

Es por eso que Aire Libre convoca a toda la comunidad a una expedición éste sábado 5 de noviembre, partiendo, para los que quieren correr a las 7:30 am  del estacionamiento de Los Venados y los que quieren caminar a las 8 am en el estacionamiento del refugio. Ésta será una expedición simbólica que busca el diálogo informativo mientras presenciamos y valuamos con nuestros propios ojos la maravilla del Parque. La caminata finaliza con una reunión de mentes en la Laguna del Sol.

Aquí encuentran el evento en Facebook.

 

Texto: Andrea Chauvet Almazán

Fotos: Daniel Almazán Klinckwort ( @dklinckwort )

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Para más información acerca del tema:

http://www.dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5457780&fecha=21/10/2016

http://www.animalpolitico.com/2016/10/semarnat-tala-comercial-bosque-nevado-toluca/

http://www.animalpolitico.com/2016/11/tala-nevado-toluca-hoteles-golf/