Corredores de nacimiento: una entrevista con Knox Robinson

Knox Robinson es un corredor, escritor y entrenador que vive en Nueva York. Es co-fundador de Black Roses, un colectivo para corredores en Nueva York. Sus textos han inspirado a muchos alrededor del mundo comenzar a correr y adaptar este ejercicio como parte de su vida diaria. Aire Libre tuvo la oportunidad de conversar con él ya que fue invitado para su primera expedición en el desierto de Sonora donde pudo conocer a la comunidad Seri. 

Los seres humanos nacemos corredores. No tenemos opción sobre ello. Desde que comenzó nuestra historia nos hemos dedicado a correr. Hemos corrido por refugio, por desplazo, por cacería. Correr es parte de nuestro instinto.

Con el paso del tiempo, sin embargo, correr ha dejado de ser una necesidad y, por lo tanto, olvidamos que es parte de nuestras facultades como seres humanos. Se nos olvidó que correr forma parte de nuestras facultades. Se volvió un ejercicio; una competencia; un entrenamiento; un estilo de vida para quienes lo quisieran tomar. Se nos olvidó que todo ser con piernas movibles tiene la capacidad de correr.

Para el corredor Knox Robinson, correr no se trata de ser el mejor, sino de una meditación en la que se involucra lo emocional y lo físico; una forma de resolver problemas y generar tolerancia ante los obstáculos que la vida presenta.

Knox creció al sur de California donde veía a su padre maratonista correr todos los domingos. “Lloraba cada vez que mi papá perdía”, dice riendo, “luego llegaba algún chamaco baboso y me decía algo como: “mi papá le ganó al tuyo” y se burlaba de mí, entonces lloraba hasta más”. Para Knox, sin embargo, más que una competencia correr era una actividad que daba por sentado sin cuestionamientos , “para mí era algo muy obvio: vas a trabajar y después de reúnes con tus amigos para correr y vas a maratones los domingos”, dice. Contrario a muchos, Knox creció sabiendo que todo ser humano nació siendo corredor.

Knox contemplando Isla Tiburon desde una pequeña playa, durante un breve descanso después de correr 42km.

Knox contemplando Isla Tiburon desde una pequeña playa, durante un breve descanso después de correr 42km.

Le pregunto que cuándo se dio cuenta que era bueno para correr, “no soy bueno para correr” responde de inmediato, “de hecho, siempre he estado rodeado de los mejores y yo estoy lejos de ser uno de ellos. Tanto en mi preparatoria como universidad (donde fui parte del equipo de corredores) había chicos que de verdad eran sobresalientes, eran parte del equipo olímpico para Estados Unidos. Por lo tanto, mi relación con correr no se basa en ser el mejor. Si de excelencia se trata hay muchos mucho mejores que yo. Pero correr va mucho más allá de la competencia, es todo una filosofía.

En la cultura occidental es muy común tener la tendencia a enmascarar el dolor. Los problemas, tanto mentales como emocionales y físicos pueden ser bien controlados con medicamentos. Se recetan pastillas asegurando un antídoto para suprimir el dolor hasta, eventualmente, no sentir ninguno. Según Knox, el dolor no debe suprimirse sino trabajarse y entenderlo. “Correr es una excelente manera de solucionar problemas porque involucra un esfuerzo tanto mental como emocional. Si, por ejemplo, tienes un problema y una corrida de una hora, posiblemente en los primeros diez minutos de esas corrida ya habrás solucionado el problema. Tu nuevo problema será qué hacer con los siguientes 50 minutos”. Al correr se está comienza a entender los distintos niveles y formas en las que el dolor se expresa por medio de una relación profunda que parte de la conciencia y la voluntad propia: controlar lo que está dentro de uno.

Salir de la zona de confort es esencial para entender el mecanismo de nuestros propios problemas. Aire Libre propone resolverlos corriendo en espacios abiertos. “Cuando me enteré sobre Aire Libre, lo que más me llamó la atención es que fueran chicos de la Ciudad de México y que, viniendo de un contexto creativo, quisieran salir de ahí para entender otros contextos, otros lugares, otras personas. No les dio miedo exponerse a la vulnerabilidad que eso a veces implica y eso para mí es único”, dice Knox.

Al llegar al desierto de Sonora, Knox recordó su infancia. Recordó los campamentos que hacía con su familia y, de alguna forma, fue como volver al un lugar que había quedado atrapado en su memoria.

Knox llegó sin expectativas. Sabía que correrían 90 kilómetros y que visitarían a la comunidad Seri. Sin embargo, su intención nunca partió de comprender lo que se le pondría en frente como un análisis antropológico, sino de crear una conexión de humano a humano. “Es raro porque sí traté de informarme mucho a cerca de los Seris. Leí todo lo que pude al respecto. Pero una vez que llegas las experiencia es otra, no hay nada como el contacto real. Para mí fue muy impresionante ver que a pesar del paso de los años sus genes están muy presentes al igual que su cultura. Por ejemplo, son totalmente aislados lingüísticamente, su lengua no se deriva de ninguna otra y eso lo hace únicos en México. De hecho, son más cercanos a los Apaches estadunidense que a cualquier grupo mexicano. Por lo tanto, los Seris son un grupo extremadamente reducido, y a pesar de su crecimiento hay muy pocos con sus tradiciones. Conocer eso de primera mano es un verdadero privilegio y una experiencia que no se debe explicar sino sentir”, cuenta Knox.

Aire Libre parte de una conexión generada por medio de la experiencia. Se trata de entenderse a uno mismo y ubicarse dentro de los distintos espacios a los que se expone. Tanto en la ciudad como en espacios abiertos, uno como corredor debe percatarse de lo que lo rodea y asimilarlo. Correr no se trata de competir sino de exponerse. Knox finaliza diciendo: “A la gente se le olvida que cuando corremos somos vulnerables; lo único que tenemos es nuestros tenis y la ropa que llevamos puesta, te expones a todo lo que te rodea tanto la gente como el paisaje. Esa es la belleza del deporte: entenderse dentro de la inmensidad”. 

Entrevista por Sofia Cerda

Fotografías: Daniel Almazán Klinckwort