PUEBLOS MANCOMUNADOS

 

comparte e inspira

Esta segunda gran aventura de Aire Libre, llamada AL-02, tuvo lugar en el corazón de la Sierra Norte de Oaxaca, misma en la que se ubican los Pueblos Mancomunados, un circuito de 8 pequeñas poblaciones (nosotros recorrimos 6 de ellos) que viven dentro de un sistema de comunidad y cercanía político-económica. Nuestras razones para haber elegido esta pequeña pero hermosa región para correr más de 100 km a través de ella ya han sido expuestas en este otro post.

Lo que pretendemos ahora es compartir contigo la descripción de lo que fue experimentar cada uno de estos pueblos singulares y pintorescos al transitar por ellos durante nuestra larga travesía a pie. Nos vamos en el orden de cómo fuimos llegando y pasando por las comunidades.

Primer y último Pueblo: Benito Juárez

Benito Juárez marcó el inicio y el fin de AL-02. Es el primer pueblo al que se llega al salir de Oaxaca Ciudad hacia el este, con rumbo a Hierve el Agua y a Mitla, y luego tomando una desviación para pasar por Teotitlán del Valle (conocido por sus elaborados tapetes artesanales), para así emprender el camino hacia arriba para la Sierra Norte. Benito, como le llaman de forma acortada los locales, es uno de los Pueblos Mancomunados que está a mayor altura (aproximadamente a 2,800 metros sobre el nivel del mar) y por ello el paisaje está caracterizado por densos bosques de pinos y encinos, así como abundantes neblinas que en realidad son nubes pasando por la parte alta de los cerros.

La comunidad cuenta con un amplio centro turístico que incluye acogedoras cabañas, algunas con acceso a chimenea y otras con techos transparentes para apreciar las estrellas (o nubes o lluvia) antes de dormir, así como un restaurant con platillos típicos de la región con buena capacidad para mesas y sillas. Este centro, al igual que los de cada Pueblo Mancomunado, está operado por una empresa llamada Sierra Norte Expediciones, la cual pertenece a las mismas comunidades de los Pueblos y misma que fue nuestro principal aliado para toda la logística de hospedaje, alimentos y guías para nuestra aventura.

Las principales atracciones de Benito son su memorable puente colgante, del cual arrancamos nuestra travesía y donde también la finalizamos, una tirolesa, varios senderos de bosque envolvente para caminar o para bicicleta de montaña, así como una ruta de 3 o 4 horas de recorrido por una cascada cercana. También se pueden visitar granjas locales para aprender más sobre producción orgánica y granjas familiares.

La Nevería: los colores del maíz y la cascada oculta

Durante el primer día de correr, salimos de Benito Juárez con rumbo a nuestro primer destino y donde tomaríamos un rico desayuno regional: La Nevería. Corrimos por un camino ancho que fue mayormente de bajada hacia dicho pueblo y después de alrededor de 12km estábamos ya entrando en sus zonas limítrofes. No que esto signifique que el pueblo sea grande; en realidad es el más pequeño de los pueblos, con menos de 100 habitantes.

Su nombre se debe a que el pueblo producía bloques de hielo que se transportaban hasta Oaxaca Ciudad hace ya algunas décadas. La actividad que predomina en La Nevería es el cultivo del maíz y cuentan con una sorprendente variedad de tipos de maíz, la cual es visible en sus vibrantes diferencias de colores. Hicimos una parada de descanso y tomamos un delicioso desayuno de atole de maíz, de caldo de pollo y de fruta, los cuales nos ayudaron a re-abastecernos de combustible para continuar corriendo.

Antes de partir, nuestro amigo Guadencio de Sierra Norte Expediciones nos llevó en una camioneta pick-up hasta una cercana pero oculta cascada de aguas cristalinas. Fue necesario hacer una caminata hacia abajo por las laderas de uno de los lados de un cerro, pero fue sumamente interesante experimentar el denso bosque, los abundantes y variados tipos de hongos presentes, y finalmente el salto de agua fresca rodeado de altas paredes de piedra.

AIRE LIBRE AL-02-10.jpg

Latuvi: la vista más privilegiada del valle

Tras visitar la cascada, volvimos a La Nevería para preparar nuestra salida hacia la siguiente comunidad: el pueblo vecino de Latuvi. Los senderos que tomamos entre La Nevería y Latuvi fueron algunos de los más hermosos y fascinantes que experimentamos en todo nuestro recorrido. La variedad de paisajes es difícil de creer y se debe a los constantes cambios de altura, ya que saliendo de La Nevería hay que bajar hasta el fondo de un valle hasta cruzar un río y después hay que volver a subir hasta que eventualmente se llega hacia Latuvi, situado arriba de unos cerros que están ubicados de manera privilegiada justo en medio del gran valle que forman las montañas de la Sierra Norte. Cuando no hay neblina, la vista es espectacular.

Latuvi es uno de los Pueblos más grandes, con una población de 600 personas aprox. En esta comunidad se practica también la agricultura y algo de ganadería, son productores del pan dulce regional (del cual francamente abusamos por lo rico que es) y en la parte de eco-turismo cuentan también con los senderos mágicos antes mencionados y con varias rutas para bicicleta de montaña. De hecho, tuvimos la fortuna de que nuestro guía Carlos fuera una figura atlética local de bicicleta, y vaya que también podía correr (a veces nos costaba mantener su paso).

carlos-1.jpg

En Latuvi disfrutamos de dos paradas, en las cuales pudimos disfrutar de comida muy rica, acompañada siempre obviamente del exquisito pan, mismo que fue horneado minutos antes en un horno artesanal de leña en el patio de la casa donde comimos. Nos costó trabajo dejar Latuvi por su calidez, pero había que seguir por el Camino Real, probablemente la sección más impresionante de todo el circuito de los Pueblos Mancomunados, para llegar hasta San Miguel Amatlán, donde pasaríamos la primera noche de la aventura.

San Miguel Amatlán: rodeados de cerros y nubes

Documentamos detalles finos del Camino Real entre Latuvi y Amatlán en este post previo, por lo que nos saltaremos esa descripción en este texto. Basta con repetir que dicho camino pasa por el Cañón de los Árboles Fantasmas, el cual hace total honor al misticismo de su nombre. Fue el trecho más largo y pesado del día, ya que recorrimos alrededor de 18 kilómetros, de los cuales varios fueron de empinadas subidas. Además estuvo lloviendo durante todo el recorrido, por lo que hacía algo de frío que se acentuaba por estar empapados.

Antes de llegar a Amatlán, pasamos primero por el costado de Santa Catarina Lachatao, otro pueblo que está prácticamente pegado al lado. Ya en nuestro destino final de ese día, llegamos cansados y con muchas ganas de tomar un baño caliente para quitarnos el frío de la lluvia. En San Miguel Amatlán pasamos la noche nuevamente en uno de los centros de eco-turismo de Sierra Norte Expediciones y ahí pudimos disfrutar de un relajante temazcal organizado también por ellos. Después de purificarnos, pasamos al comedor del centro a tomar otra muy buena cena de delicias locales. Ya con el estómago cargado otra vez con combustible, caímos rendidos en nuestras camas y dormimos como piedras, lo cual nos ayudó a reponernos para continuar corriendo al día siguiente.

Al amanecer al siguiente día, salimos de nuestras cabañas para encontrarnos con una vista surreal del extenso valle frente a nosotros inundado por un mar de nubes. Las grises montañas dejaban ver partes de su geografía a través de huecos en la neblina, mostrando así una imagen digna de inspirar una obra de arte. Aprovechamos y tomamos muchas fotos e incluso hicimos tomas aéreas con un drone que llevamos. Fue una escena inspiradora que, junto con otro desayuno regenerador, nos cargó de energía para el segundo día que sospechábamos sería el más difícil por ser todo de subida hasta el pueblo ubicado a mayor altitud en la montaña de todo el circuito: Llano Grande.

Llano Grande: la experiencia alpina de la Sierra

El camino ancho que nos llevó de Amatlán a Llano Grande fue uno de los más rodeados de vegetación y bosque, pero también el más duro por algunas de sus secciones monótonas (el paisaje no variaba mucho) y por su incesante pendiente hacia arriba. Subimos alrededor de 1,400 metros en un trayecto de casi 30 kilómetros. De vez en vez, nos desviamos por algún sendero y el bosque nos envolvió con su aire frío de misterio y fueron estos momentos los que nos ayudaron a recuperar energía para continuar subiendo.

Eventualmente, llegamos hasta el pueblo de San Isidro Llano Grande, situado a poco más de 3,000 metros de altura sobre el nivel del mar. La comunidad nos recibió con más lluvia, neblina y bastante frío. No obstante, Llano Grande probó ser genuinamente uno de nuestros destinos más hermosos en cuanto al paisaje boscoso y de altura. Esto lo supimos más contundentemente hasta el día siguiente, cuando la neblina por fin se disipó y las nubes se abrieron para dejar ver un amanecer que robaba el aliento con sus colores y vistas celestes.

Este amanecer lo pudimos apreciar en su máximo esplendor desde un mirador cercano a Llano Grande, el cual es una de sus principales atracciones. El mirador ofrece una vista privilegiada desde lo alto de la sierra y permite tener una perspectiva panorámica en 360 grados de las cercanas montañas con sus valles. Cuando el clima es el adecuado, se puede disfrutar desde este punto del famoso “mar de nubes”, el cual es un espectáculo del cielo nublado visto desde arriba. Llano Grande también cuenta con senderos para hiking y para bicicleta de montaña que permiten explorar las profundidades de sus bosques.

Cuajimoloyas: epicentro culinario de la Sierra Norte

Pasamos la segunda noche en Llano Grande, exhaustos de tanta subida y refugiándonos del frío en cabañas con encendidas chimeneas. Al día siguiente despertamos temprano para ir hasta el mirador y después de pasar un rato por ahí, salimos hacia el siguiente destino: Cuajimoloyas. Una combinación de carretera y senderos de unos 12 km de distancia separan a estos dos elevados pueblos de la Sierra Norte. Al recorrerlos pasamos por parcelas agrícolas y por ejidos ganaderos escondidos entre los árboles de aquella frondosa vegetación.

Después de un rato corriendo, llegamos a las puertas que marcan la entrada a Cuajimoloyas, el Pueblo Mancomunado más poblado de todos, con alrededor de 800 habitantes. Desde que se llega a este lugar se puede apreciar un bullicio considerablemente mayor al de los otros pueblos. También fuimos testigos de una tirolesa de casi 1 km de longitud que pasa por encima del pueblo y que nos hizo desear tirarnos por ella. La comunidad también cuenta con una vista privilegiada que permite ver a lo lejos hasta Teotitlán del Valle, ya más cerca de Oaxaca Ciudad.

Pero lo más especial y memorable de Cuajimoloyas es su repertorio culinario. El pueblo presume de contar con la más amplia variedad y diversidad de hongos comestibles, los cuales aprovechan con gran creatividad en sus platillos locales. Tuvimos oportunidad de probar un desayuno de hongos empapelados (jamás habíamos comido hongos cocinados de esta forma), junto con quizá el chocolate caliente con agua más rico que hemos tomado y otro exquisito platillo que llaman entomatadas (similares a enchiladas) con huevos y frijoles. 

La culminación de AL-02: nuevamente Latuvi y después Benito Juárez

Después del excelente desayuno en Cuaji, salimos nuevamente hacia los senderos, los cuales esta vez nos llevaron de bajada (para gran alivio nuestro). Pasamos por más parcelas agrícolas, donde no faltaron perros guardianes que nos corretearon, e incluso por un criadero y restaurante de truchas. Posteriormente llegamos hasta el sendero de La Cucharilla, el cual resultó ser el camino angosto que más nos gustó de toda la aventura. El sendero incluye también otro mirador con otra impresionante vista del valle y de Latuvi unos kilómetros frente a nosotros, sobre los hombros de esos cerros ya transitados. Este sendero fue para nosotros más divertido que una montaña rusa, con sus fugaces bajadas por en medio de cientos de árboles y siempre con vistas fascinantes a nuestro alrededor.

Después de cerca de una hora de bajadas, llegamos hasta los pies de esos cerros, donde de nueva cuenta nos topamos con un río. De ahí continuamos subiendo por las faldas de otro cerro, por en medio de campos de girasoles, hasta que llegamos otra vez a Latuvi, para tomar ahí nuestro último descanso acompañado de la última comida de AL-02. Los últimos 15 km serían especialmente retadores, ya que cerraríamos con otra subida de alrededor de 600-700 metros, para llegar así hasta el mirador de Benito Juárez, donde nos esperaba el mismo puente colgante que marcaría el cierre de esta inolvidable expedición.

Los Pueblos Mancomunados fueron una avalancha de experiencias sensoriales y emotivas. Su gente nos abrió su corazón y sus hogares, ofreciéndonos la más cálida de las hospitalidades. Sus vistas hicieron que nuestros corazones cantaran y que nuestras almas se conmovieran con semejante belleza combinada con sencillez absoluta. Recomendamos con profunda convicción que visites este circuito la próxima vez que estés planeando unas vacaciones con Naturaleza y actividad física.