AL-03: TOHONO O'ODHAM NATION

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(Lectura de 18 min)

PARTE I - INTRODUCCIÓN

Desde el miércoles 26 hasta el sábado 29 de julio, el equipo de Aire Libre emprendió una aventura que nos llevó a las profundidades de la Tohono O’odham Nation, una comunidad tribal de Nativos Americanos cuyo epicentro geográfico es uno de los lugares más controversiales del mundo: la frontera entre México y Estados Unidos. Nuestro propósito fue correr con la Gente del Desierto (eso significa Tohono O’odham) por los senderos desérticos de su territorio, para así conocerlos, conectar con su cultura y poder entender mejor su contexto reciente.

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La aventura fue el resultado de una colaboración entre el equipo francés de Neuf Dixieme y Aire Libre. Esta mancuerna nació de una repentina invitación para ir al norte de California a correr con Rickey Gates (link a esa sección de texto), un atleta que se encontraba en la última etapa de su proyecto #transamericana, el cual consistió en correr desde South Carolina hasta San Francisco, California (más de 5,800 kilómetros en 5 meses). En el camino Rickey documentó sus avances, pero también muchas historias de todos los seres humanos con los que se cruzó.

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Después de la potente experiencia con Rickey Gates, viajamos por tierra hacia el sur, hasta Sells, Arizona, cruzando en el proceso vistas fascinantes de imponentes montañas e inhóspitos desiertos. La idea de ir a correr con los Tohono O’odham resultó de uno de los miembros de Aire Libre, quien meses antes pasó por el área y se enteró de esta tribu cuyo territorio y costumbres quedaron fragmentadas en el siglo XIX, cuando se les impuso una línea fronteriza que partió su tierra natal en dos.

Death Valley National Park fué una de las paradas en nuestro viaje de San Francisco a la Tohono O'Odham Nation.                                                   

Death Valley National Park fué una de las paradas en nuestro viaje de San Francisco a la Tohono O'Odham Nation.                                                   

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Se decidió entonces contactar a esta comunidad y proponerles la idea de correr juntos por sus tierras. La respuesta que obtuvimos superó todas nuestras expectativas. De la manera más generosa imaginable, nos abrieron las puertas de su hogar y nos acogieron cálidamente. Corriendo con ellos, descubrimos a un fascinante grupo humano con una poderosa historia, unas tradiciones vibrantes y una compleja situación actual. Esta es la historia de nuestra experiencia conociendo a la Tohono O’odham Nation.

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PARTE II – SITUACIÓN DE LA FRONTERA

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El corazón del tradicional territorio de los Tohono O’odham está cortado en dos por la frontera entre México (Sonora) y Estados Unidos (Arizona). Es uno de los límites geográficos más controversiales que existen, ya que miles de personas de América Latina buscan atravesarla clandestinamente en busca de la promesa de una vida con mejores posibilidades económicas en Estados Unidos. De un día para otro, esta compleja situación geopolítica cayó en medio del hogar de los Tohono O’odham, quienes se dedicaban a ocuparse de sus asuntos.

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La frontera no sólo trajo consigo la situación de miles de migrantes cruzando de sur a norte, sino que también dividió a la comunidad Tohono O’odham, dejando aislados a alrededor de 2,000 miembros de la tribu del lado mexicano, sin poder tener libre acceso para estar con sus familiares en el lado estadounidense. Hoy en día, algunos de estos Tohono O’odham mexicanos tienen la posibilidad de cruzar a su Nación del lado de Arizona con permisos especiales, pero muchos otros no los obtienen por la misma situación de migración ilegal y contrabando de drogas.

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Corriendo por esas tierras, pudimos sentir algo de esa tensión que se vive a lo largo de la franja fronteriza. Había agentes de la Border Patrol patrullando cada rincón de aquel lugar, escondidos entre los árboles, recorriendo las brechas y pidiendo documentos a quienes pudieran ser sospechosos de alguna manera. En el suelo de los caminos de terracería nos encontramos con una suerte de pantufla que se utiliza para no dejar huellas sobre la arena del desierto, con monedas mexicanas y con otras señales de caminantes clandestinos. Incluso estaba presente la extraña sensación de que al doblar por una curva podríamos toparnos con alguno de ellos o ellas.

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A todo esto se suma lo que está viviendo actualmente la comunidad Tohono O’odham después de la elección de Donald Trump y su siempre presente amenaza de construir una pared gigante en la frontera. Lógicamente, esta pared causaría aún más complicaciones a los Tohono, aumentando el nivel de aislamiento con sus parientes mexicanos. La pared también afectaría negativamente al ecosistema natural que existe en esa zona, bloqueando el flujo natural de animales, afectando plantas y a los paisajes que por milenios han vivido en equilibrio y armonía. Es por esto que estas personas están verbalmente opuestos a esta hostil iniciativa.

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Esto lleva a percibir y a entender que existe una incierta atmósfera de resistencia en aquellas tierras de los Tohono O’odham con respecto a la controvertida situación fronteriza. Es una situación que afecta directamente a estas personas y que evoca sentimientos de preocupación. Estar conscientes de este hecho puede llevar gradualmente a encontrar soluciones que puedan ir aliviando estas complejas circunstancias.

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PARTE III – CORRER EN SU CULTURA

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En un día común, 100 años atrás, hubiera sido algo normal que un joven Tohono O’odham se levantara muy temprano, se ajustara sus sandalias o calzado y saliera corriendo con dirección a alguna comunidad vecina de su Nación. Su propósito habría sido probablemente entregar algún mensaje importante, ya que esa era la manera en que las noticias y novedades circulaban en aquella tierra desértica, semejante al estado de Connecticut en tamaño. “Los corredores eran como nuestros antiguos teléfonos”, nos platicó Amy, una maestra local de cultura.

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De esta forma, correr era una parte habitual de la vida de los jóvenes miembros de esta tribu. Correr estaba presente en lo mundano y práctico, como en el ejemplo anterior de la mensajería, pero también estaba presente en lo altamente espiritual y sagrado. Para celebrar que se tendría una buena cosecha, para ir a pedir su apoyo en tiempos de crisis al gran espíritu creador, para honrar a sus ancestros y para prepararse para sus ceremonias tradicionales, los Tohono O’odham corrían. Algunas veces corrían pocos kilómetros y otras veces corrían muchos kilómetros.

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“Eso de medir distancias y tiempos al correr es un invento del hombre blanco; nosotros sólo corremos detrás del que corre más rápido del grupo”
— Anciano de la tribu Hopi
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Incluso el ritual mediante el cual los jóvenes Tohono O’odham se prueban a sí mismos como hombres consiste en correr desde la zona norte de su territorio, hasta las aguas del Mar de Cortés, a casi 200 kilómetros de distancia hacia el suroeste, del lado mexicano en Sonora. Le llaman la Salt Run y es, por lo visto, una dura prueba de resistencia, de valentía y de fe. Cuando logran alcanzar el Golfo, recolectan sal y conchas marinas, las cuales llevan de regreso a sus comunidades como ofrenda medicinal.

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La medicina que llevan consigo acaba no sólo sanando las almas de sus hermanas y hermanos en sus comunidades de origen, sino que también sana sus propias almas. Para los Tohono O’odham, entonces, correr tiene el poder de sanar el alma.

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Hoy en día, ya no corren tanto. Sus kilómetros acumulados se han reducido. Sin embargo, existe el deseo activo de recuperar estas hermosas tradiciones. Recientemente, Anthony Francisco, nuestro querido anfitrión en la Tohono O’odham Nation, hizo su Salt Run y además estuvo cerca de otros dos jóvenes, Troy y Shane, quienes también pudieron hacer la suya. La tradición, entonces, continúa viva.

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PARTE IV – SU CULTURA HOY

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Además de correr, los Tohono O’odham también son un pueblo que vive prácticamente en medio de la Naturaleza. Ellos consideran que sus tierras son territorio sagrado, mismo que les fue heredado desde hace siglos por sus ancestros.

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“Nosotros hemos estado aquí desde antes de que América (Estados Unidos) fuera América y antes de que México fuera México”
— Amy Juan
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Tuvimos el privilegio de que nos invitaran a pasar la noche acampando en una impresionante montaña de piedra rojiza llamada Baboquivari, misma que es su santuario más importante. Es ahí en una cueva, debajo del principal pico de Baboquivari, donde vive I’itoi, a quien le llaman hermano mayor, y quien es el espíritu creador de la cosmovisión de los O’odham. Las comunidades visitan Baboquivari periódicamente, donde suben hasta la cueva de I’itoi para hacerle entrega de sus oraciones y ofrendas.

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I’itoi es también el protagonista del Hombre del Laberinto, el escudo y símbolo oficial de los Tohono O’odham. Una analogía quizá muy acertada de la vida: un ser humano descifrando su camino en ese laberinto que es la vida.

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Esta es la parte de sus tradiciones que se encuentra más relevante e intacta, pero otras, como mencionamos con la Salt Run, no han corrido con la misma suerte y se están gradualmente desvaneciendo. Los jóvenes ya no están tan interesados en aprender la lengua nativa y en las escuelas cada vez se hace menos énfasis en esto. Pareciera ser que la influencia de la cultura estadounidense los jala, como un gran imán, en la dirección contraria a su cultura original.

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Afortunadamente, personas que conocimos como Amy, Anthony Francisco, Frederick Pablo, e incluso una ex-Harvard de Nueva York llamada Rebecca, entre otros más, están haciendo un esfuerzo activo y consciente por enaltecer nuevamente el valor singular de la cultura tradicional de este histórico pueblo. Están empujando para que las lecciones del lenguaje original regresen al salón de clases, para que más jóvenes participen en las carreras tradicionales y en general para recuperar su relación con lo ancestral de su herencia cultural.

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PARTE V – SITUACIÓN ACTUAL

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Muchos de los cambios que han ido desarrollándose en la Nación Tohono O’odham se deben a la inevitable asimilación de la cultura estadounidense, misma que ahora los envuelve en sus diferentes dimensiones: geográfica, política y social. El estar del lado norte de la frontera trajo consigo cosas positivas, como tener acceso al sistema de salud o de seguridad social de Estados Unidos.

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No obstante, también con los cambios llegaron consecuencias no contempladas cuya complejidad continúa representando una serie de retos para la sociedad moderna O’odham. Un primer aspecto, mismo que es evidente a simple vista, no sólo para quienes visitamos de fuera, sino también para las y los locales quienes hablan abiertamente de ello, es la situación de obesidad que prevalece entre las personas que integran aquella comunidad. Con la introducción de alimentos altos en azúcar, en grasas y en conservadores que les trajo la expansiva industrialización de Estados Unidos, los Tohono O’odham cambiaron radicalmente sus tradicionales hábitos alimenticios. Al mismo tiempo, el acceso a vehículos motorizados y la introducción de entretenimiento más sedentario, como la televisión, les ha llevado a realizar cada vez menos horas de actividad física. Donde antes corrían para entregar un mensaje importante, ahora WhatsApp logra lo mismo con un tap de sus pulgares. Esta peligrosa combinación de dietas altas en azúcares, grasas y sales, junto con un estilo de vida desprovisto de suficiente actividad física, ha llevado a la desafortunada situación de una declarada epidemia de diabetes. Si no es la diabetes la que llega a atacar, lo son entonces las enfermedades cardiovasculares.

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Un segundo aspecto, menos visible que el primero, pero del cual escuchamos mencionar en varias ocasiones, es el que viene causado por una juventud que quizás no ha sabido asimilar todos estos vertiginosos y recientes cambios. Escuchamos de jóvenes involucrados en pandillas y en adicciones. Son probablemente las consecuencias más oscuras de una situación más amplia de dificultades económicas, donde nuevamente vemos a un pueblo al que se le complica adaptar sus tradicionales maneras de vivir al sistema económico moderno.

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Existe luz al final del túnel. Tuvimos la oportunidad de conocer centros de salud con impecables instalaciones que se han ido construyendo en diferentes puntos estratégicos del territorio de la Reserva. Estos centros son una suerte de fusión entre un gimnasio, una cocina y un consultorio médico. Cuentan con aparatos en excelentes condiciones para hacer ejercicio, con un espacio donde se enseña a cocinar con ingredientes más naturales y nutritivos y con la posibilidad de tener revisiones para ir monitoreando el estado de su salud. Son gratuitos y accesibles.

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Por otra parte, se están haciendo esfuerzos de manera sumamente activa y consciente para promover el deporte y la actividad física. Se organizan ya periódicamente carreras, donde se les invita a jóvenes y a adultos a correr y/o trotar, usualmente con alguna buena causa adherida al evento. Se hacen también esfuerzos por recuperar aspectos ancestrales de su cultura, como el peregrinaje al océano de la Salt Run, mismo que también ayuda a los jóvenes a fortalecer su espíritu, o por regresar más a su dieta tradicional, consumiendo más alimentos basados en maíz o vegetales, en vez de en harina o procesados.

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PARTE VI – UNA SOLA HUMANIDAD

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Este proyecto de correr juntos Aire Libre y miembros de la Nación Tohono O’odham constituyó un mensaje de unidad. Este pueblo nativo ha sufrido ya muchas complicaciones desde que se les impuso una frontera internacional que dividió su territorio en dos partes, como ya se explicó anteriormente. No fueron consultados y han sido salpicados por todos los conflictos históricos entre Estados Unidos y México.

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Para ellos no hay división, porque cuando miran hacia el sur de la línea internacional, lo que observan no es un país ni una tierra distinta a la suya. Todo lo contrario, es parte de lo mismo. Ahora, lo que menos quieren es que crezcan aún más los factores de división, como lo puede ser una enorme pared.

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En medio de este contexto fue que llegaron 3 mexicanos y 2 personas de Francia a fundirse en un solo grupo con los O’odham, dejando que los kilómetros recorridos en aquel desierto produjeran la amalgama de un mismo ser.

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El mensaje que pretendemos compartir es que venir de distintos lados de la frontera o de otro continente no debe de conducir a una situación en la que estemos divididos. Son líneas imaginarias, creadas por el hombre, en ocasiones de forma arbitraria. Claro que legalmente existen, y prueba de ello son las pesadas columnas, filosos alambres de púas, intimidantes torres de vigilancia y enjambres de Border Patrols peinando la zona constantemente. Sin embargo, provenir de otra tierra no debería crear barreras entre nosotros como seres humanos.

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Seamos mexicanos, franceses, O’odham o estadounidenses, al final todos compartimos esa humanidad que nos conecta. El hombre moderno busca, quizá sin estar consciente de ello, precisamente eso: unidad.

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Octavio Paz escribió su célebre Laberinto de la Soledad justamente reflexionando en el hombre que se siente solo, aislado con sus problemas y sus creencias de otros grupos humanos distintos: los otros. Esa soledad es la siniestra raíz que se esconde detrás de nuestras guerras, nuestro odio y de la distancia o desconfianza que a veces sentimos hacia personas de otra nacionalidad o raza. Precisamente la medicina que es capaz de curar esa condición es la conexión humana, o el poder sentirnos una misma cosa con otros seres que comparten nuestro ADN y que básicamente buscan lo mismo que nosotros: seguridad para sus familias, educación y salud para sus hijos, y la posibilidad de poder perseguir y alcanzar sus sueños y metas.

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Es importante que hagamos un ejercicio de conciencia y que no permitamos que las barreras geopolíticas del mundo tengan el poder de ser también barreras entre nuestra esencia y la de otros hermanos humanos. La solución a nuestro problema de soledad y división es que nos permitamos a nosotros mismos poder abrirnos, para así conectar con toda la riqueza que ofrece cada persona en este mundo, simplemente por existir.

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Por esto fue que visitamos a este fascinante grupo humano en ese hermoso rincón desértico de Arizona. Corriendo juntos experimentamos el regalo de conectar nuestros corazones y que así se volvieran uno solo.

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Agradecemos enormemente el apoyo y la hospitalidad de ANTHONY FRANCISCO Y los miembros de la Tohono O'odham Nation.

Textos: Eme Morato

Fotos: Daniel Almazán Klinckwort + Jeremy Bernard 

 

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