#WeekendTrails: Isla del Sol, Lago Titicaca, Bolivia

La vista majestuosa del Lago Titicaca hace honor al adjetivo que desde hace siglos le han atribuido los Incas y Aymaras de la zona: sagrado. Los incas mismos escribieron que de las aguas del lago surgieron Manco Capac y Mama Ocllo, semi-dioses hijos del dios Viracocha (Dios del Sol) quienes según la mitología fundaron toda la civilización Inca. Los locales hablan también de cómo este lago encierra incontables misterios, desde pirámides escondidas en sus profundidades hasta antiguas ciudades resplandecientes presentes en la zona. Lo cierto es que siempre sentí que en ese lugar hay mucho más que solamente agua e islas.

Un árbol afortunado que logró crecer en medio del Lago.

Un árbol afortunado que logró crecer en medio del Lago.

Se sabe que a sus 3,812 metros de altura, es el lago navegable más alto del mundo. Es además un lago sumamente grande, el número 19 del mundo en cuanto a extensión. Su superficie está dividida entre dos países: Perú y Bolivia. A mí me tocó pasar más tiempo del lado boliviano, en una de sus 36 islas, por cierto una de las más grandes: la Isla del Sol. Justamente es esta isla el epicentro de todas las leyendas que existen sobre la cosmovisión Inca y el Lago Titicaca. Para llegar tomé un bote desde la pequeña ciudad costera de Copacabana.

De Copacabana hacia la Isla del Sol en bote.

De Copacabana hacia la Isla del Sol en bote.

Pasé un poco más de dos días en este hermoso y virgen lugar. La isla mide aproximadamente 12 kilómetros de punta a punta, con un terreno irregular caracterizado por muchos cerros. Lo de los cerros es una maravilla, porque ofrece así unas vistas impresionantes del Lago y de las montañas nevadas que hay alrededor del lado boliviano. El terreno es pedregoso y árido, probablemente influido por la altura, la cual por cierto se hace sentir en casi todo momento.

Explorando el lado sur de la isla.

Explorando el lado sur de la isla.

Estando en la isla, decidí que no podía dejar pasar la oportunidad de salir a explorarla corriendo. Justamente en el día de Navidad, salí del lado sur de la isla con la intención de correr hasta el lado norte. Tomé un histórico camino Inca, hecho de piedra, que cruza prácticamente toda la isla, subiendo y bajando las amplias lomas que caracterizan el paisaje. Las vistas son verdaderamente un regalo, pero al mismo tiempo el aire estaba frío y se sentía cortante en los pulmones. Además el soroche o mal de altura se escabullía en mis sienes y me hacía sentir una presión en el cráneo que no dolía, pero sí incomodaba.

El camino Inca que cruza la Isla del Sol de norte a sur.

El camino Inca que cruza la Isla del Sol de norte a sur.

En el camino pasé varios grupos de turistas que iban regresando de su paseo por el lado sur y que se estaban hospedando en la parte norte. La verdad es que sí se me quedaban viendo muy curiosos, quizá pensando "¿y a éste, qué le picó?"; otros me echaron porras, incluso pude sentir que tal vez sintieron un poco de envidia por verme tan móvil recorriendo toda la isla. Me subí en casi todos los cerros que se presentaron en mi camino y además tuve el placer de ver un atardecer inspirador al regreso.

La casita de un granjero local.

La casita de un granjero local.

Un atardecer espectacular para culminar la mini-expedición.

Un atardecer espectacular para culminar la mini-expedición.

Lo mejor de la isla es la oportunidad de conocer a los pueblos ancestrales que habitan en ella, en su mayoría los llamados Aymaras. Es gente que lleva siglos llamándole hogar a esta isla, conservando muchas de sus tradiciones intactas, las cuales fueron para mí verdaderamente educadoras y fascinantes. Los Aymaras locales viven mayormente de la pesca, agricultura y ganadería; en el camino me topé con muchas de sus llamas y alpacas.

Una fiesta Aymara por la que me tocó pasar.

Una fiesta Aymara por la que me tocó pasar.

Una manada de alpacas, fuente de lana y de carne.

Una manada de alpacas, fuente de lana y de carne.

Al final acabé corriendo 15 kilómetros de ida y vuelta en la isla. Llegué de regreso a Yumani, en el lado sur de la isla ya cuando el Sol se acababa de meter, con unos colores pasteles memorables en el cielo. Al estar cruzando una de las partes altas del pueblo, pude apreciar el Illampu y las cumbres nevadas de las montañas de la Cordillera Real, detrás de la costa del otro lado.

Las blancas cumbres de la Cordillera Real en la distancia.

Las blancas cumbres de la Cordillera Real en la distancia.

Sin duda el Lago Titicaca es un lugar impresionante que ofrece mucho y según testimonios de diferentes viajeros que me tocó conocer, la Isla del Sol es uno de los lugares más ideales para apreciar la belleza de este sagrado cuerpo de agua. Además de correr, en la Isla del Sol tuve la oportunidad de meterme a nadar en las aguas (muy frías) del Lago, de comer delicioso algunos de los platillos tradicionales, de dar caminatas escénicas que recompensan generosamente el esfuerzo físico de trepar cerros y que además de pronto revelan uno que otro vestigio arqueológico del ayer cultural local. ¡No dejen pasar la oportunidad de visitarlo si se les presenta!

Aquí me eché el chapuzón frío.

Aquí me eché el chapuzón frío.

Detalle de la ruta en Runkeeperhttps://runkeeper.com/user/ememorato/route/4532822

La Isla del Sol, Lago Titicaca, Bolivia.

La Isla del Sol, Lago Titicaca, Bolivia.