La Legendaria Chupinaya

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Si bien recuerdo, fue en la carrera de 32km de Trail Run Hidalgo en Mineral del Chico hace unos meses cuando escuché por primera vez de Chupinaya. Nos contaron nuestros nuevos y chidísimos amigos Nino, Kechu, Tito y Dory de una legendaria y brutal carrera de 13km, donde los corredores vomitaban, gente del pueblo donde sucede la carrera se monta en la ruta y le ofrece tequila a los corredores, una vertical y dolorosa carrera donde en vez de porras, la gente te “bullea”. Encima de todo, nos contaron que la siguiente edición era el 20 aniversario de Chupinaya…

chupinaya

Este penetrante, por ende fácil de recordar nombre de carrera, junto con todas las historias detrás, se quedó bien grabado en mi cabeza. Así un día cualquiera entre semana, después de haber revisado mi calendario, y con la emoción e inercia de que los últimos fines de semana habían sido de grandes aventuras de trail running, impulsivamente decidí que tenía que ir. Sin perder tiempo, le escribí a mi compadre Nino y Kechu avisándoles que les iba a caer. ¡Chupinaya 2016 se armaba!

migo pick up

Llegué a Guadalajara a las 7pm el viernes, mi vuelo se había demorado 3 horas. Nino y Kechu pasaron por mí en la Migo pick up, una camioneta gris Toyota con estampas por todos lados de Migo. Sin escalas, fuimos a cenar y por unas buenas cervezas artesanales. Platicamos de todo un poco, pero sin embargo al poco tiempo inevitablemente salió el tema por el cual yo estaba ahí: el trail de Chupinaya. Hasta este punto yo todavía no había decidido si iba a correr la carrera el domingo, enfrentándome a una manada de locos, o si iba a correr la ruta el sábado, sin romperme la madre. Dado que la próxima aventura de AL-02: Sierra Norte de Oaxaca está a la vuelta, opté por no romperme la madre; no quise poner en juego todo lo que hemos trabajado.

El plan entonces quedó en correr la ruta el sábado a las 8am con calma, disfrutándola con su increíble vista. Acabando, había que ir a comer donas en la igual legendaria tienda Donuts Donas. El domingo el plan era integrarnos con la gente del pueblo montándonos en la ruta para ver en primera fila la carnicería.

A las 6am sonó el despertador el sábado. Desperté en un paraíso en el Bosque de la Primavera, la casa de Nino, quien fue mi host, junto con sus dos perros durante el fin de semana.

Agarramos nuestras mochilas de hidratación que ya habíamos dejado la noche anterior preparadas, nos subimos a la Migo pick up y manejamos primero a una gasolinera, donde quedamos de ver a Mario, un duro del mundo del ciclismo, amigo de Nino. Con Mario en la pick up, nos dirigimos hacia el lago más grande de México: Chapala. En menos de 1 hora, llegamos a Ajijic, el pueblo junto a Chapala, donde desde hace 20 años inicia y acaba esta mística carrera.

Nos estacionamos afuera de Donut Donas. Miré el establecimiento y pensé en el premio que iba a recibir justo ahí, acabando de correr la ruta. Empezamos a correr. Se empieza por un camino empedrado de subida que te lleva hasta el inicio del trail. En ese camino, imaginé lo jodido que ha de ser correrlo con los pies y piernas acabados después de subir y bajar la montaña. Pasamos por un abarrotes sobre ese camino de piedra, que en frente tenía todo un lounge bien armado con troncos de madera, desde donde, según me contó Nino, se sientan hombres del pueblo a tomar caguamas, ver el espectáculo y pensar en apodos para todos los que pasan corriendo por ahí de subida, para que de bajada se los griten y se rían de ellos. Más historias de Chupinaya.

Llegamos al inicio del trail, que inmediatamente se convierte en un single track y permanece así hasta volver a salir por ahí como 11km después. Por ende, es indispensable arrancar muy rápido y con todo pulmón desde el inicio de la carrera en la plaza municipal de Ajijic hasta ese punto, si deseas acabar en las primeras posiciones de Chupinaya. Corrimos como 1.5 km y de pronto el single track, que había estado tupido de vegetación, se abrió en un espacio más grande. Frente a nosotros teníamos una gran pared de rocas por las cuales se veían con mucha claridad las marcas de pintura blanca que indicaban la ruta. Sí, se tenía que escalar un poco. En ese mismo punto, me indicó Nino, nos íbamos a plantar el domingo para echar porras. Era un punto estratégico por tres razones: uno, porque había espacio para colocarnos sin estorbar a los corredores; dos, porque era un punto muy divertido dada la dificultad para observar la carnicería; y por último, porque en este punto veríamos a los corredores dos veces, de subida y de bajada.

Escalamos-corrimos la pared, regresamos a un single track de subida, tupido de vegetación, hasta salir de nuevo a un punto abierto que era dónde la carrera de se dividía, para los que iban a correr 7km y los que iban por los 13km. Desde este punto no puedes ver la cima de Chupinaya, por lo que muchos se engañan creyendo que ya están por llegar a la cima. Pero no…

El single track se vuelve a cerrar de vegetación y por única vez es plano, con un poco de bajada. Lo que se hace es correr hacia la izquierda de la montaña, viéndola de frente, para conectar con el siguiente camino que es nuevamente todo de subida, ahora incluso más empinado. Este te llevará a la cima. Así continuamos, con una humedad de locura, corriendo-escalando-caminando sin parar, hasta ver la cruz negra que es la cima de Chupinaya. Este último trayecto es muy escénico, se lograr ver el pueblo de Ajijic minúsculo hasta abajo y la inmensidad del lago más grande de México, el lago de Chapala.

En la cima nos dimos todos un “hand fist” de victoria y comimos un poco. Yo comí por primera vez un gerber que viene en un paquete como de gel. Un hack de trail running que Nino me enseño. Para no enfriarnos mucho, nos empezamos a mover haciala larga, curveada y divertidísima bajada.  Antes de el descenso pesado, el trail te lleva por un lugar en la cima donde hay un altar de la virgen de Guadalupe y una tipo palapa donde el pueblo de vez en cuando arma unas fiestas, claramente legendarias, como todo lo que sucede en Chupinaya. Subimos un pequeño monte nuevamente que te saca a una cruz blanca y de allí va todo para abajo.

Tratando de mantener toda mi atención en cada paso que daba hacia abajo, descendí relativamente rápido. Me encantan las bajadas. De repente ya estaba en la pared de rocas, donde el siguiente día íbamos a echar porras. Aquí me detuve un rato para que Nino y Mario me alcanzaran. Medite unos minutos. Continúe mi descenso. Casi saliendo del single track, tuve la gran suerte de toparme con Dory “Firme & Digno”,  buen nuevo amigo y ganador de Chupinaya 2015. Estaba explorando un poco el terreno por el que iba defender su título.

Salí del single track a la calle empedrada del pueblo y corrí sin detenerme a Donut Donas, babeando por comerme una. Llegue al paraíso de las donas, ahora me encontré a otro nuevo y buen amigo, Tito “Skyrun”, junto con otros trail runners. Estaban desayunando. Antes de desayunar, estire muy bien. Me tome un jugo de naranja, comí unas enfrijoladas con un huevo estrellado encima y pedí una dona rellena de zarzamora y un café. Cuando me estaba acabando las enfrijoladas aparecieron Nino y Mario. Obviamente también pidieron donas y cafés. Regrese a Guadalajara demasiado feliz por la increíble experiencia matutina y con muchas ganas del siguiente día ser participe, como espectador, del espectáculo de Chupinaya.

A las 8am estábamos de regreso en Donut Donas, era indispensable comer donas para tener energías para echar porras. Así mismo sirvió como punto de reunión para encontrarnos con el resto de la banda que se unirá a nuestro plan. Compramos varias cervezas que metimos en una hielera portátil. Empezamos nuestro caminata a las rocas que habíamos detectado el día anterior. ¡La carrera iniciaba hasta las 10am! Lo que simplemente agregaba más locura a este legendario evento. El calor y la humedad iban a ser un inferno. En poco tiempo llegamos a las rocas. Buscamos un espacio dónde estorbáramos lo menos posible y que tuviera buena vista.

Instalados, abrimos las primeras chelas, empezaron los chistes, los planes de que cosas íbamos a gritar a los corredores etc. Estábamos a unos 15 min de que se escuchara a lo lejos un disparo que indicaría la salida. Llegaron como tres grupos más de personas que pretendían echar porras como nosotros. Otra chela más. Ya eran más de las 10am, dentro de nada íbamos a ver a los punteros. Dentro de ellos, seguramente en la cabeza iba a ir nuestro compadre Dory, que defendía el titulo de campeón.

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De repente se escucho “ ¡ya vienen, ya vienen los primeros!”. Entre la vegetación salió fugaz, firme y digno Dory, con su gran look de mohicano, barba de chivo y una tank top blanca MIGO con el épico #TRVILRXN. Era el primero como lo esperábamos. Le gritamos y animamos, aunque no mucho, porque paso volando. Enseguida venían los demás punteros, inútilmente tratando de alcanzarlo. Habían hecho una mala decisión en el trail y salido por una parte difícil en las rocas, lo que hizo que perdieran mucha energía y tiempo. Ese error ha de haber permitido que Dory se distanciara como 1 minuto. Pasaron los punteros.

Entre los punteros y el resto de los mortales, no pasan muchos corredores más. Por lo que varios minutos después, empezó a llegar el tren. Tren interminable de corredores que no pueden rebasarse,  porque todo es un single track. Van todos en fila india. En donde hay una oportunidad, de repente un corredor pasa a otro, pero es complicado. Para este punto, que es apenas el principio de la carrera y el asenso, muchos ya cargan una cara de sufrimiento, pero como guerreros siguen la marcha. Admirable.

Como era esperado, empezó la carilla de las porras. Gritos de “¡venga, salgan de su zona de confort!”, “menos foto, más corrida”, “no es paseo”, entre otros nos mataron de la risa. Después de haber visto ciento de corredores pasar, el tren poco a poco acabo, ya solo se veían de repente vagones que de plano se habían quedado muy atrás. De repente se escucho un disparo, señal que indicaba que alguien ya había llegado a la cima y comenzaba la intensa bajada. Otra chela. En lo que esperábamos a ver a los punteros volar de bajada, pensamos ahora en que serían las porras de bajada. El Matcha, integrante de nuestro escuadrón de porras, ya tenía toda una narración en italiano preparada.

Entre las rocas, de repente se vio un mohicano nuevamente, Dory, volando. Si no le pudimos echar muchas porras de subida por su velocidad, de bajada solo para un “¡fuerza!” me dio tiempo. Minutos después, los siguientes, paso nuestro amigo Santi y Tito ambos entre los primero 20. Antes de que nos tocara todo el tren bajar, agarramos nuestras cosas y trotamos el single track de regreso al pueblo. Antes de llegar a Donut Donuts, pasamos por el “lounge” con todos los locales cheleros que ya tenían para eso muchos apodos pensados para gritar ahora que bajara todo el mundo. Yo no fui excepción y cuando me vieron se escucho “allí va el Osama Bin Laden”, se rieron, yo con ellos.

Caminamos hasta el zócalo donde era la meta y celebración. Había mucha gente, mucha participación local y ánimos. Vimos a Dory, le dimos un fuerte abrazo y lo felicitamos mucho. Salió Tito, igual le toco sus abrazos y buena onda. Santi, Andy, todos ya habían llegado. Todo mundo con chelas en mano celebraban, habían varios tumbados en el suelo recuperándose. Otros haciendo fila para recibir su menudo de mariscos cortesía de la carrera para todos los guerreros. Muy buen ambiente. Un día muy alegre.

No pudimos continuar la fiesta en el after party que se ya se había organizado, porque yo en unas hora más volaba de regreso. Así que nos montamos en la pick up y de regreso a Guadalajara. Eso fue Chupinaya, una celebración del trail running y de vida. Por supuesto que me imagine ya en el 2017 participando, intentando no vomitar y llegando dentro del top 10. Habrá que entrenar un friego de subidas. ¡Nos vemos en Chupinaya 2017!

Post y fotos: Mauricio Díaz Arellano

Gracias MIGO y crew.

#onelove #salgandesuzonadeconfort

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